Coincidiendo con la visita de León XIV a España, Jordi Martínez, director de Síntesi, destacaba en su reflexión en redes que “el mensaje no siempre comunica, aunque esté bien hecho”. Porque demasiado a menudo el público general se queda solo con la anécdota y no con el contenido.
Tiene razón. Es como el caso que se explica de cuando alguien va a la tele y después se encuentra con un conocido que le dice que lo ha visto, pero que cuando se le pregunta qué le ha parecido lo que ha dicho, el otro responde que eso no lo recuerda, pero que “lo ha dicho muy bien”.
Toda la visita del Santo Padre ha sido preparada a conciencia y, a pesar de los pesares que siempre los hay —sean restricciones, limitaciones o prohibiciones—, debe reconocerse como excepcional el trabajo realizado por los profesionales de comunicación, de protocolo, de logística y de organización del evento. Prueba de ello son el seguimiento de medios de todo el mundo y el impacto que ha tenido y que perdurará en el tiempo, de manera particular la inauguración de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia de Barcelona, acompañada de un despliegue técnico espectacular.
Las intervenciones igualmente han sido muy bien preparadas. Todas, con objetivos definidos y mensajes concretos según los escenarios: no polarización, necesidad de diálogo social, llamamiento por la paz, acogida y asistencia a las personas migradas, la responsabilidad del lenguaje y la comunicación… Pero, volviendo a la reflexión de Jordi Martínez, ¿todo el mundo recuerda estos mensajes? Probablemente serán más recordadas las anécdotas: el momento club de fútbol, el rosario del joven de Montserrat, la habilidad de los escoltas para acercar bebés al Papa para que los bendijera, los “momentos fan” móvil en mano del público —incluidos religiosos con hábitos— intentando captar fotos de todos y cada uno de los gestos del pontífice del derecho y del revés o la avería del avión de Iberia que había de llevarle de vuelta a Roma desde Canarias.
Aun así, me parece que en esta visita también ha habido muchas anécdotas calculadas a través de gestos personales del pontífice que llevaban mensaje incorporado. Sobre todo, ligadas a la adaptación lingüística y territorial, la proximidad por encima de la estructura y la conexión con los jóvenes con el ya célebre “six-seven”.
No podemos obviar que, desde el inicio de su papado, destaca la capacidad de León XIV para conectar con las personas, sean fieles o no, con un lenguaje no verbal cercano y un lenguaje verbal adaptado a los tiempos actuales y con un discurso directo. Y—como explica el periodista Jordi Pacheco en “Lleó XIV i les temptacions digitals”, publicado en Report.cat, proyecto impulsado por el Colegio de Periodistas de Catalunya— usa la tecnología y las redes desde mucho antes de ser Papa, siendo crítico con la manipulación y poniendo en valor la importancia de la educación digital.
A mi entender, la visita del Papa ha vuelto a demostrar que la mejor improvisación es la que se prepara. Por eso, cuando planifiquemos nuestros eventos, además de pensar el qué, el cuándo, el cómo, el para quién y el para qué, procuremos tener presente también la importancia de que destaque el mensaje de la anécdota. Evitaremos que nuestro mensaje quede tan solo en una simple anécdota.




0 Comentarios