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Notícias, ideas, pensamientos y reflexiones para re(inventar) la comunicación

El historiador francés Henri Laurens decía que «si ha entendido algo del Líbano es porque se lo han explicado mal». Con la gestión de la pandemia pasa un poco lo mismo, ya no sabes interpretar si realmente vamos bien o, por el contrario, el desastre es monumental. Corporativamente, ministerio y consejerías han cometido un error extraordinario: querer informar día sí y día también del minuto a minuto de la pandemia, con lo cual ya nadie es capaz de saber dónde estamos. Este error se vuelve a producir de nuevo cuando se informa de las campañas de vacunación.

¿Qué sentido tiene, querer saber diariamente las dosis que llegan, las que tenemos, las que tendremos y las que no tendremos, a no ser que se quiera confundir a la ciudadanía. Lo que en un principio podría ser un signo de generar transparencia, consigue el efecto contrario, convertirse en un alud informativo tant excesivo que es imposible saber cuál es el plan real de vacunación y si éste se está cumpliendo mínimamente. Con tanta información acumulada no es extraño que aumenten los casos de desconfianza o que el negacionismo de las vacunas y de la propia pandemia vaya en aumento.

En comunicación no es fácil encontrar el equilibrio informativo, la cantidad de información que tenemos que ofrecer para que nuestros públicos tengan el conocimiento necesario, se interesen por el tema e incrementen el grado de confianza hacia nuestra actividad. Una falta de información es tant contraproducente como un exceso informativo. Los ciudadanos quieren saber pero no quieren un bombardeo informativo continuo que les haga perder la perspectiva de lo que pasa.

La informació tiene que ser útil

En estos casos la norma debería ser informar únicamente de lo verdaderamente útil para las personas y de lo que permite entender el contexto global. El resto hay que dejarlo para aquellos públicos más expertos o paraaquella demanda de información a la carta. Y en este sentido, no todo se debe incluir en la misma bolsa informativa, como si todos los receptores de información estuviéramos interesados ​​en todos los detalles de aquella temática.

Es cierto que los medios de comunicación tienen mucho que decir en esto de configurar un equilibrio informativo, dado que a menudo su foco de atención supera en exceso el verdadero interés de oyentes, lectores o espectadores. En cambio, hay nuevas formas de periodismo que aportan mucho más que todo el cúmulo de informaciones que nos han ofrecido hasta ahora. Un ejemplo de estas informaciones que podríamos denominar como «prácticas» lo encontramos en como el Washington Post explicaba los efectos del confinamiento y del no confinamiento en la difusión de la pandemia.

Las organizaciones, las instituciones y las empresas deben aprender a generar información realmente de interés, útil y de valor añadido y por ello no hay que poner el termómetro al enfermo cada cinco minutos, que es lo que están haciendo los gestores de la pandemia . Quizás necesitamos recordar aquella máxima de la comunicación que dice que los mensajes deben ser claros, cortos y concisos y deberíamos añadir que no es necesario que sean constantes. En este caso, menos sería más

 

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