¿Ha muerto el e-mail?

¿Ha muerto el e-mail?

Por el 11/02/20 en Comunicación, General | 0 comentarios

Corría 1998 y Tom Hanks y Meg Ryan se enamoraban mandándose emails en la película “Tienes un e-mail”. Hoy, más de dos décadas después, se mandan diariamente en todo el mundo más de 270.000 millones de correos electrónicos.

Pero, ¿tiene sentido que sigamos mandándonos e-mails? ¿Cuántos e-mails se quedan cada semana en la bandeja de entrada, sin responder e incluso sin leer? ¿Estamos tan ocupados que ya no podemos ni leer un correo electrónico? ¿O contestar un e-mail es cosa del pasado?

Vayamos por partes.

Saturación de e-mails

En el mundo de la prensa, un redactor de un periódico puede recibir de media más de 250 correos diarios, de los cuáles más de dos terceras partes de ellos se titulan “Nota de Prensa”. Es obvio que, al menos a juzgar por el título, cuesta discriminar lo que es realmente importante de lo que no. Además, si en el cuerpo del mail no se indica la información más relevante, el documento adjunto al correo quedará para siempre en el olvido. El reto es ahora cómo hacer llegar la información a los medios, y, sobre todo, qué informaciones les hacemos llegar, porque está claro que muchas de ellas no les interesan.

En el ámbito de la empresa, un directivo de una multinacional puede recibir hasta 300 correos diarios, muchos de los cuáles está en CC (copia) o CCO (copia oculta). ¿Cómo puede diferenciar los correos “informativos” de los importantes? ¿Nos jugamos todas las bazas en el Asunto del e-mail, solo un asunto bien redactado tiene opciones de ser leído o ni tan solo así?

En la esfera personal, hemos sustituido el e-mail por el WhatsApp, y resulta hasta curioso recibir un correo electrónico de un amigo o familiar… entonces, ¿ha muerto el e-mail o entre todos lo hemos matado?

¿Ha muerto el e-mail?

¿Es posible hacer un buen uso del correo electrónico? ¿Es aún posible ser educado y contestar a los correos electrónicos que nos mandan?

De la misma forma que llenamos nuestras jornadas de cursos de todo tipo (¿cómo hablar en público? ¿Cómo organizar la agenda? ¿Liderazgo y comunicación?) quizás deberíamos volver a formar a los equipos sobre como gestionar tanto la recepción como el envío del e-mail, en el sentido de recuperar aquel equilibrio donde no todo debe ser transmitido y compartido y donde nada debería quedar por responder, porque al final tanto si nos bombardean con correos electrónicos como si no nos responen a los mismos, la conclusión siempre coincide: o no saben organizarse o son unos mal educados. Y así nos va.

 

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