Hace 30 años que explicamos historias en Síntesi, pero hoy os quiero contar una que no hemos escrito ni vivido nosotros. Una historia, sin embargo, que tiene mucho de comunicación.
Nos situamos en una deprimida Inglaterra de principios de los 90. Jon Venables y Robert Thompson, de diez años, secuestraban a James Bulger, de solo dos, lo torturaban y lo asesinaban. Si sois de antes de los 80, seguro que recordaréis la imagen que captaron las cámaras de los dos niños en un centro comercial de Liverpool llevándose al pequeño James.
Se han escrito libros sobre ello, se han hecho pelis, canciones pop e incluso un cortometraje que estuvo nominado a los Òscar. Pero nunca hasta ahora nadie había escrito una obra de teatro sobre el caso. Y llegó Gerard Guix con Dirrrty Boys, una obra absolutamente recomendable que pondrá vuestra moral entre la espada y la pared: ¿Merecen una segunda oportunidad los condenados? ¿Cómo se debe castigar un hecho así teniendo en cuenta que los autores tienen diez años? ¿Tienen derecho al olvido?
Pero más allá de las lecturas criminológicas, la obra coloca el espejo a una determinada forma de hacer periodismo. Y aquí es necesario abrir paréntesis para la segunda recomendación de este post: leed el prólogo que ha escrito el criminólogo Marc Balcells al texto de la obra editado por el Institut del Teatre.
¿Qué puede aprender la comunicación corporativa de Dirrrty Boys?
- El poder de los medios para crear realidades. ¿Sabíais que, en Noruega, solo un año después del caso Bulger, tres niños de seis años mataron a Silje Marie Redergard, de cinco? La respuesta mediática en Noruega fue completamente diferente; los medios optaron por proteger a los menores y consideraron que todas las personas implicadas eran víctimas. Así, nunca se usaron conceptos como maldad o moralidad, ni se hicieron generalizaciones sobre la juventud. Los medios, y también las empresas, pueden crear narrativas profundamente diferentes. Mientras que la prensa amarilla inglesa optó por una narrativa alarmista, cargada de moralidad y sensacionalismo, Noruega adoptó un enfoque protector y rehabilitador de los menores implicados.
- Comunicación responsable y revictimización. La manera en la que se comunica un crimen no solo afecta a los autores de los hechos, sino también a las víctimas y a sus familias. En este sentido, Dirrrty Boys subraya la importancia de una comunicación responsable que evite la revictimización, una lección clave para el periodismo en la era del true crime. Y también para la comunicación corporativa y de crisis: empatía, transparencia, veracidad…
- La influencia del contexto mediático local. La competencia feroz entre medios en Reino Unido fomenta una cobertura sensacionalista, mientras que el modelo noruego, menos competitivo, permite una comunicación más pausada, analítica y respetuosa con los protagonistas. El ecosistema mediático condiciona la comunicación.
- La comunicación corporativa como agente de cambio social. Las empresas y organizaciones, incluidas las consultoras de comunicación, podemos escoger entre narrativas equilibradas que ayuden a construir sociedades más justas, informadas y menos estigmatizadoras; o bien buscar caminos más cómodos, pero socialmente irresponsables, que acentúen perjuicios, perpetúen desinformaciones o fomenten divisiones que solo generan confrontación y retroceso social. De ejemplos tenemos muchos, desde los whasings (greenwashing, pinkwashing, purplewashing…) hasta la reproducción de estereotipos, que comenzó explotando la publicidad y que ahora también podemos ver en comunicados de prensa o pseudoestudios.
En Síntesi llevamos 30 años trasladando la ética del periodismo a la comunicación corporativa. Creemos en ella. Nos ha ido bien y esperamos poder seguir, como mínimo, 30 años más.
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